El sistema laboral colombiano en 2026 enfrenta una de sus incongruencias más evidentes, no solo por el aumento del salario mínimo, sino por la rigidez del límite que define quién recibe el auxilio de transporte. En un contexto en el que el salario mínimo se fijó en $1.750.905, el tope de dos salarios mínimos ($3.501.810) se ha convertido en una verdadera “frontera de cristal”: una línea que genera dudas tanto en trabajadores como en empleadores sobre qué se debe o no pagar y que, finalmente, provoca interpretaciones distintas entre las partes.
La polémica surge cuando un trabajador supera, aunque sea por pocos pesos, ese límite. Al perder el derecho al auxilio de transporte —que en 2026 asciende a $249.095—, una persona que recibe un ascenso o un aumento por desempeño puede terminar con un ingreso neto menor al que tenía antes. En términos económicos, esto se conoce como una “trampa de bienestar” o desincentivo marginal: el esfuerzo por ganar más produce, de inmediato, una pérdida económica por la eliminación del subsidio.
El costo oculto para la empresa y el trabajador
Para el empleador, el problema también es significativo. El auxilio de transporte no es solo un pago adicional; hace parte de la base para calcular prestaciones como primas y cesantías. Sin embargo, cuando un trabajador gana, por ejemplo, $3.600.000, la empresa deja de pagar el auxilio, pero debe asumir mayores aportes a seguridad social y parafiscales sobre un salario más alto.
Esto crea una zona de ineficiencia: muchas empresas prefieren mantener los salarios justo por debajo de los dos salarios mínimos para evitar que el trabajador vea reducido su ingreso neto. Desde la economía laboral, este fenómeno frena la movilidad salarial de un grupo de trabajadores que quedan atrapados en una “nivelación hacia abajo”, donde ganar un poco más de dos salarios mínimos resulta, en términos financieros, poco conveniente.
Un subsidio desactualizado frente a la realidad productiva
El auxilio de transporte fue creado para cubrir el traslado físico al lugar de trabajo. Hoy, sin embargo, se percibe más como un mecanismo político de indexación que como una herramienta técnica. En 2026, con el crecimiento del trabajo híbrido y la digitalización, aplicar un subsidio fijo basado únicamente en el ingreso nominal resulta incongruente. La crítica económica plantea que este beneficio debería ser proporcional o disminuir gradualmente a medida que aumenta el salario, para evitar el “salto al vacío” que se produce al alcanzar los dos salarios mínimos.
En conclusión, la política salarial de 2026 ha generado una distorsión en la que el auxilio de transporte funciona como una barrera para el aumento formal de ingresos. Mientras no se modifique su carácter binario (se recibe o no se recibe), el mercado laboral colombiano seguirá enfrentando una rigidez que impide que los aumentos salariales se traduzcan en una mejora real de la calidad de vida para quienes logran superar el nivel básico de subsistencia.
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